Lo dicho, un ángel con voz de mujer.
martes, 30 de marzo de 2010
Si los ángeles cantaran
domingo, 28 de marzo de 2010
Paradojas

Primero vino un niño inocente,
y me preguntó cómo eran las cosas,
le respondí que no lo sabía.
Después vino un anciano sabio,
y me preguntó cómo eran las cosas,
volví a responder que no lo sabía.
Después llamaron a mi puerta las mujeres,
y me preguntaron cómo eran las cosas,
respondí que no lo sabía.
Más tarde llamaron los hombres,
con la misma pregunta,
y tampoco fui capaz
de responder en afirmativo.
Al cabo llegaron los conservadores,
seguidos de los anarquistas.
Después científicos y campesinos,
curas y filósofos,
santos y ladrones,
profesores y aprendices,
generales y soldados,
sanos y postrados,
cazadores y ecologistas.
Todos me hacían la misma pregunta:
¿Cómo eran las cosas?
No supe que responder...
y ahora
que lo sé todo
sólo sé que no sé nada.
lunes, 22 de marzo de 2010
Algo de música
Un vídeo que me han pasado y me ha gustado mucho aunque no estoy segura de ello pero me da igual.
Quien entienda un poco de mecánica y música se dará cuenta del grado de dificultad que tiene este trabajo para conseguir la alineación y calibración de la máquina Encended los altavoces. Todas las bolas acaban entrando en los conos receptores. Esta increíble máquina fue construida gracias a un esfuerzo de colaboración entre el Conservatorio de Música de Requena y la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Cheste (Valencia).
Increíblemente, el 97% de los componentes de la maquina viene de las fábricas de Lois y de Equipos de Riego Lafror, de Utiel,(Equipamientos para granjas. Al equipo le llevó 5029 horas el montaje, alineación, calibración y decoración antes de poder grabar este video, aunque como puedes ver el esfuerzo mereció la pena.
Hoy día está en funcionamiento en el Museo del Vino de Requena.
Quien entienda un poco de mecánica y música se dará cuenta del grado de dificultad que tiene este trabajo para conseguir la alineación y calibración de la máquina Encended los altavoces. Todas las bolas acaban entrando en los conos receptores. Esta increíble máquina fue construida gracias a un esfuerzo de colaboración entre el Conservatorio de Música de Requena y la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Cheste (Valencia).
Increíblemente, el 97% de los componentes de la maquina viene de las fábricas de Lois y de Equipos de Riego Lafror, de Utiel,(Equipamientos para granjas. Al equipo le llevó 5029 horas el montaje, alineación, calibración y decoración antes de poder grabar este video, aunque como puedes ver el esfuerzo mereció la pena.
Hoy día está en funcionamiento en el Museo del Vino de Requena.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Hay campos y campos
Este artículo no es mío propio, sólo faltaría es de nuestro redactor incógnito, "Réquiem per Ribes Altes", disfrutadlo.
Había un lugar en el pueblo, en las afueras, en el que, en mis aventuras infantiles, creía mi reyalmo. Había que llegar en bicicleta, pero era un sitio que únicamente yo conocía, al que únicamente yo podía entrar. El campo de fútbol abandonado. Unas porterías semitapadas por la mala hierba. Una higuera se alza majestuosa en el medio del campo. Los vestigios de las graderías se alzan calladas en un lateral. El techo hace mucho que se desprendió y su metal fue robado. La imagen parece haber sido tomada en blanco y negro, de ser una fotografía encastada en un antiguo libro de páginas amarillentas y llenas de polvo. Un ambiente mágico, lleno de luz transparente en las frías mañanas de invierno, parecía flotar en el ambiente.
Debajo de la gradería, los vestuarios permanecen extrañamente enteros. No quedan banquillos, por supuesto, o cualquier otro elemento que pudiese ser objeto de pillaje. Algo de runa se amontona en montículos paradójicamente perfectos y de apariencia cuidada. No hay basura, pero si mucha suciedad. Allí me pasaba, imaginando ser mi castillo, largas horas de mi soledad infantil.
En un exceso de melancolía, el otro día decidí volver a visitar ese campo de fútbol abandonado y que hacía quizás veinte años que no visitaba. En vez de la bicicleta, fui allí con mi coche. El pueblo no había crecido en esa dirección, por lo que reconocí el camino sin dificultad. A parte, recuerdo perfectamente el camino. Las vías del tren, el antiguo taller del tío Aniceto, las higueras de la tía Asunción más allá, la que daban los higos más dulces. Luego el pequeño camino entre olivos asilvestrados a la derecha. Lo que en bicicleta me parecía una larga travesía de horas, lo había recorrido en mi coche en menos de cinco minutos.
Lo aparqué ahí. Soy lo suficientemente simbólico, le doy suficiente valor al pasado, para saber que esos últimos pasos los debía hacer a pie. Crucé los olivos y pasé la higuera. Donde en mis recuerdos debía aparecer el campo de fútbol abandonado de mis aventuras infantiles, se alzaba ahora, imponente y majestuosa, una urbanización brillante y prefabricada.
Había un lugar en el pueblo, en las afueras, en el que, en mis aventuras infantiles, creía mi reyalmo. Había que llegar en bicicleta, pero era un sitio que únicamente yo conocía, al que únicamente yo podía entrar. El campo de fútbol abandonado. Unas porterías semitapadas por la mala hierba. Una higuera se alza majestuosa en el medio del campo. Los vestigios de las graderías se alzan calladas en un lateral. El techo hace mucho que se desprendió y su metal fue robado. La imagen parece haber sido tomada en blanco y negro, de ser una fotografía encastada en un antiguo libro de páginas amarillentas y llenas de polvo. Un ambiente mágico, lleno de luz transparente en las frías mañanas de invierno, parecía flotar en el ambiente.
Debajo de la gradería, los vestuarios permanecen extrañamente enteros. No quedan banquillos, por supuesto, o cualquier otro elemento que pudiese ser objeto de pillaje. Algo de runa se amontona en montículos paradójicamente perfectos y de apariencia cuidada. No hay basura, pero si mucha suciedad. Allí me pasaba, imaginando ser mi castillo, largas horas de mi soledad infantil.
En un exceso de melancolía, el otro día decidí volver a visitar ese campo de fútbol abandonado y que hacía quizás veinte años que no visitaba. En vez de la bicicleta, fui allí con mi coche. El pueblo no había crecido en esa dirección, por lo que reconocí el camino sin dificultad. A parte, recuerdo perfectamente el camino. Las vías del tren, el antiguo taller del tío Aniceto, las higueras de la tía Asunción más allá, la que daban los higos más dulces. Luego el pequeño camino entre olivos asilvestrados a la derecha. Lo que en bicicleta me parecía una larga travesía de horas, lo había recorrido en mi coche en menos de cinco minutos.
Lo aparqué ahí. Soy lo suficientemente simbólico, le doy suficiente valor al pasado, para saber que esos últimos pasos los debía hacer a pie. Crucé los olivos y pasé la higuera. Donde en mis recuerdos debía aparecer el campo de fútbol abandonado de mis aventuras infantiles, se alzaba ahora, imponente y majestuosa, una urbanización brillante y prefabricada.
viernes, 5 de marzo de 2010
El Retorno del Rey
(de lo suyo)
Puedes descargarla de forma gratuita en:
http://www.nuclearblast.de/gratisdownload/index.php?link_kampagne=RhapsodyOfFire-SeaOfFate
Puedes descargarla de forma gratuita en:
http://www.nuclearblast.de/gratisdownload/index.php?link_kampagne=RhapsodyOfFire-SeaOfFate
jueves, 4 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
Canción de la semana - Serrat, Hijo de la luz y de la sombra
Como respuesta a José Luís y después de que milagrosamente nos sincronizáramos, presento la versión más última y melódica de Hijo de la Luz y de la Sombra, que cantada por Serrat, salió de la sombra a la luz el pasado martes, la mejor canción del compacto, que poco a poco se hace grande a mis oídos.
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