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martes, 19 de octubre de 2010

Le Siege Perilous

Como prometi a Marc aparece a continuación una historia que viene a titulo de la banda de metal épico Kamelot y es que uno de sus primeros cd´s se denomina “Siege Perilous”. La leyenda completa y bien analizada viene recogida en uno de mis libros favoritos, "La búsqueda del Grial" del autor francés Jean Markale

Cuenta la leyenda (recogida por los monjes cistercienses y depositada en la abadía de Glastonbury) que al morir Jesucristo, redentor para los cristianos, un discípulo secreto del maestro de nombre José de Arimatea solicitó permiso a Pilatos para recuperar el cuerpo del crucificado y darle sepultura. En ese momento, Pilatos le entregó el cáliz en el que había comido el maestro durante la última cena en casa de Simón el Leproso. Al bajar el cuerpo de la cruz, José se dio cuenta de que las heridas todavía sangraban y decidió recoger la sangre en ese mismo cáliz que acababa de recibir.

Más tarde, José de Arimatea, fue considerado sospechoso por las autoridades judías y no dudaron en encancelarlo según las modas de la época, a base de agua y algo de pan mugriento en las mañanas. Pero los carceleros no contaban con ese extraño cáliz que José guardaba como su mayor tesoro, y ese “vaissel” fue su alimento y sustento espiritual durante su encarcelamiento.

Con motivo de la destrucción de Jerusalén por los romanos, José es sacado de la cárcel por los emperadores Tito y Vespasiano, quien honrando su valor y nobleza no dudan en tomar como amigo a quien fue capaz de soportar semejante tortura. Son tales las relaciones de José con Vespasiano, que este le proporciona un barco para que pueda predicar las enseñanzas de su maestro en las más lejanas tierras, más allá de las columnas de Hércules.

Y así fue como José de Arimatea, se embarcó junto a su hermana Enygeus casada con Bron, un respondón de nombre Petrus y un hipócrita llamado Moyset. Pero el pecado se infiltra en la comunidad y José, por ordenes de Dios, instituye entonces un ritual: los miembros de la comunidad deberán reunirse en una comida de fraternidad –análoga a la de los primeros cristianos- alrededor de una mesa en cuyo centro estará el “vaissel” santo, y junto a el, un pez pescado por Bron, futuro rey pescador.

Se trata de una reminiscencia de la Santa Cena y el pez es el “ichtus” griego que servia a los primeros cristianos como símbolo de Jesús y como señal de reunión.

Cuenta la leyenda además, que los invitados a la mesa experimentan un inefable gozo, que es la exaltación del éxtasis causado por la comunión, muy a tono con la teología cisterciense. En esta asamblea, que prefigura la Mesa Redonda, instituida por el mago Merlín, hay un asiento vacío: es el asiento de Judas, que se convertirá mas tarde en “le siege perilous”, es decir, en el asiento peligroso. El hipócrita Moyset comete la osadía de querer ocupar ese asiento, pero es engullido por la tierra. Y esta reunión-festín, tiene lugar cada día, haciendo que todos los invitados se alimenten material y espiritualmente según sus deseos y capacidades.

Este asiento peligroso aparecerá mas tarde en la Mesa Redonda. Todos los caballeros, que al igual que Moyset, traten de sentarse sin ser los elegidos por la gracia divina, serán engullidos por la tierra y llevados al infierno. Tan solo el caballero ungido por Dios, en este caso Galahad en otros Perceval, será el único capaz de sentarse en este asiento para mostrar al resto de camaradas de la mesa la importancia de la pureza para vislumbrar la verdad suprema, la luz del Grial santo.


domingo, 28 de marzo de 2010

Paradojas


Primero vino un niño inocente,
y me preguntó cómo eran las cosas,
le respondí que no lo sabía.
Después vino un anciano sabio,
y me preguntó cómo eran las cosas,
volví a responder que no lo sabía.
Después llamaron a mi puerta las mujeres,
y me preguntaron cómo eran las cosas,
respondí que no lo sabía.
Más tarde llamaron los hombres,
con la misma pregunta,
y tampoco fui capaz
de responder en afirmativo.
Al cabo llegaron los conservadores,
seguidos de los anarquistas.
Después científicos y campesinos,
curas y filósofos,
santos y ladrones,
profesores y aprendices,
generales y soldados,
sanos y postrados,
cazadores y ecologistas.
Todos me hacían la misma pregunta:
¿Cómo eran las cosas?
No supe que responder...
y ahora
que lo sé todo
sólo sé que no sé nada.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Hay campos y campos

Este artículo no es mío propio, sólo faltaría es de nuestro redactor incógnito, "Réquiem per Ribes Altes", disfrutadlo.

Había un lugar en el pueblo, en las afueras, en el que, en mis aventuras infantiles, creía mi reyalmo. Había que llegar en bicicleta, pero era un sitio que únicamente yo conocía, al que únicamente yo podía entrar. El campo de fútbol abandonado. Unas porterías semitapadas por la mala hierba. Una higuera se alza majestuosa en el medio del campo. Los vestigios de las graderías se alzan calladas en un lateral. El techo hace mucho que se desprendió y su metal fue robado. La imagen parece haber sido tomada en blanco y negro, de ser una fotografía encastada en un antiguo libro de páginas amarillentas y llenas de polvo. Un ambiente mágico, lleno de luz transparente en las frías mañanas de invierno, parecía flotar en el ambiente.

Debajo de la gradería, los vestuarios permanecen extrañamente enteros. No quedan banquillos, por supuesto, o cualquier otro elemento que pudiese ser objeto de pillaje. Algo de runa se amontona en montículos paradójicamente perfectos y de apariencia cuidada. No hay basura, pero si mucha suciedad. Allí me pasaba, imaginando ser mi castillo, largas horas de mi soledad infantil.

En un exceso de melancolía, el otro día decidí volver a visitar ese campo de fútbol abandonado y que hacía quizás veinte años que no visitaba. En vez de la bicicleta, fui allí con mi coche. El pueblo no había crecido en esa dirección, por lo que reconocí el camino sin dificultad. A parte, recuerdo perfectamente el camino. Las vías del tren, el antiguo taller del tío Aniceto, las higueras de la tía Asunción más allá, la que daban los higos más dulces. Luego el pequeño camino entre olivos asilvestrados a la derecha. Lo que en bicicleta me parecía una larga travesía de horas, lo había recorrido en mi coche en menos de cinco minutos.

Lo aparqué ahí. Soy lo suficientemente simbólico, le doy suficiente valor al pasado, para saber que esos últimos pasos los debía hacer a pie. Crucé los olivos y pasé la higuera. Donde en mis recuerdos debía aparecer el campo de fútbol abandonado de mis aventuras infantiles, se alzaba ahora, imponente y majestuosa, una urbanización brillante y prefabricada.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Nochevieja


¡Dentro de nada... Nochevieja, ¿eh? ¡Qué estrés! Yo en nochevieja me siento... me siento...no sé, me siento como un toro, ¿no? Cuando llega la fiesta miro alrededor y me da la sensación de que todo el mundo se lo está pasando bien, menos yo.

El estrés comienza con la cena. Aquello parece una prueba del Gran Prix:
Tienes que llevar calzoncillos rojos, tener algo de oro para meterlo en la copa,preparar las doce uvas... Y contarlas varias veces, porque, como son todas iguales, te equivocas:

- Una, dos, tres, cuatro... una, dos, tres, cuatro, cinco, seis...
Esta pocha ya la he contado... Una, dos... siete, ocho... ¡Joder, las doce menos veinte!
¡Chavalín, trae el Rotring, que las voy a numerar, como en el Bingo!

Y tu madre:

- ¿Queréis venir, que se enfrían las gambas?

Que esa es otra: te tienes que comer todo lo que está en la mesa...
Y antes de las doce!;que, con las prisas, más que pelar gambas, parece que estás
desactivando una bomba.

- ¡Coño, las doce menos diez! ¡Mamá, no me da tiempo: hazme un sándwich con el cochinillo, que ya está terminando Cruz y Raya! Y no eres el único que está agobiado, ¿eh? No hay más que ver la tele.

Allí están Ana Obregón y Ramón García, explicando a toda España como funciona un reloj. Acojonados por si se equivocan:

- Cuando la aguja pequeña esté en las doce y la grande también.. serán las doce.

¡Coño, como todas las noches!

- Y entonces bajará la bola y... luego vienen los cuartos, ¡no vayan a empezar a comerse las uvas, ¿eh?

Vamos a ver: ¿por qué nos explican mil veces que nos comamos las uvas en los cuartos y nadie nos explica por qué coño tiene que bajar una bola? ¿Qué clase de reloj es ése?

Cuando por fin llegan las doce, en toda España se oye lo mismo: Cla,cla,cla, cla... <> > es la bola>>: cla, cla, cla... Din-don...

- ¡Ah no, que son los cuartos!

Din-don...

- ¡Escupid que son los cuartos!

Din-don...

- Pfbbbbbbbb... ¿qué son qué?

Din-don...

- Los cuartos...

Ton...

- ¡Ahora, ahora!

Ton..

- ¡Una!

- ¡Que no, que vamos por la segunda!

Ton...

- Pues me meto dos...

Ton...

- Seis...

- ¿Cómo que seis?

Ton...

- A mí ya no me caben más, ¿eh?

Ton.. -¡Eh!, ¡deja mis uvas, cabrón!

Ton...

- ¡Es que se me ha caído una al suelo!

Ton...

- Bgrfds...

Ton...

- Bggggdffffff...

Ton...

- A mí ya no me quedan...

Ton...

- Bgggggdffffff....

- ¡Pues a mí me sobran cuatro!

Ton...

- Bfgggggggg, grounfffffff...

Y cuando acaban, toda la familia con la boca llena de babas, a darse besos:

- Feliz año, eeeeeeeeeh, felicidades, grfdddfd...

Y suena el teléfono: ¡riiiiiiiiiing!

- ¡Pero coño! ¿Ya están llamando? ¿No se pueden esperar?

- Pues a mí todavía me sobran dos...

- ¡Champán, que alguien abra el Champán!

Pero, bueno, ¿a vosotros os parece lógico empezar el año así?

¡Qué estrés, de verdad!

Pero como es Nochevieja... tienes la obligación de divertirte. Así que después te vas a un fiestorro a un sitio en el que, si caben mil personas, el dueño ha decidido meter a cincomil doscientas. ¡Muy bien! ¡Cuatro mil doscientas más de las que caben!
¡Quédate en la calle si te apetece, con la pelona que está cayendo!

Así que entras. Lo bueno que tiene ir a un sitio así es que te puede pasar cualquier cosa.
A mí el año pasado me ocurrió de todo. Yo estaba tan tranquilo,tomándome mi cubatita de garrafón, cuando de repente un tío me cogió por detrás y me dijo:

- ¡¡¡¡COOOOOOOOONGAAAAA!!!!!

Y, claro, que vas a hacer, pues te pones a bailar... ¡Eso te lo hace un tío en el autobús y le partes la cara! ¡Pero como es Nochevieja... ! ¡Pues hala! Y de repente te das la vueltay llevas cien personas enganchadas a tu culo. ¡A ver como escapas de ésta!
Porque una conga es como una secta: entrar es muy fácil pero salir es muy jodido.
Porque en el garito hay como doce congas girando a toda pastilla...

Bueno, pues iba yo conduciendo mi conga... por mi derecha, cuando, de pronto, me veo venir en dirección contraria una conga suicida acojonante conducida por un gordo
con casco de vikingo. Yo le iba a hacer ráfagas, pero como las congas no llevan ni luces ni nada... pues, para evitar la colisión, di un giro brusco a la derecha... ¡Y me tragué entera una columna de espejitos! ¡Siniestro total!

Doce heridos leves y una columna de espejitos destrozada. Y yo, con una ceja abierta tirado en el suelo pensaba: cagao!

Y en ésas, me desmayé.

Al despertar estaba en la sala de urgencias, rodeado por todos los de mi conga. Algunos todavía no se habían esenganchado; habían venido corriendo detrás de la ambulancia.

Bueno, las urgencias en Nochevieja, hay que vivirlas. Si en la sala caben cincuenta personas, el dueño ha metido a ciento cincuenta... Como el de la discoteca. Y como allí también es Nochevieja, el camillero lleva un gorrito de moro, la enfermera un collar de hawaiana y el que te cose la ceja unos dientes de Drácula, ¡que te da una confianza... ! El tío te dice:

- ¿Qué ha sido? ¿Con una moto?

- No, con una conga.

- ¡Ay!, si es que van como locos con las congas...

Cuando salí de allí me quería ir a mi casa, pero como era Nochevieja, acabé a las ocho de la mañana con la ceja grapada en un bareto...

- Oiga, póngame un chocolate con churros.

- Pues sólo nos queda Nesquick y algunos dónuses... Es que los últimos churros se los han tomado los de una conga, ¡traían un cachondeo...! Había un gordo que llevaba un casco de vikingo... ¡No le digo más! Y es lo que yo le digo a los clientes: si no disfrutas en Nochevieja, ¿Cuándo vas a disfrutar?

FELIZ AÑO 2010

sábado, 21 de noviembre de 2009

La Creación

por nuestro colaborador Jesucristo Superestar. Que espero que vuelva a colaborar con nosotros.

Al principio, todo es oscuridad. Una oscuridad negra y profunda. Una oscuridad tan completa y tan homogeneizante que se llega a dudar de que algo –incluso el color negro que todo lo inunda- exista realmente. No hay contornos, no hay figuras; nada delimita esta completa ausencia de materia. Parece ser que en este universo la res extensa jamás ha sido aprehendida, jamás ha sido imaginada siquiera.


Ni siquiera yo, narrador omnisciente, tengo cuerpo; únicamente tengo alma. Al principio fue el verbo. Y mi verbo es un alma ingénita que se mece extáticamente sobre este vacío eterno, en el que no existe nada y jamás ha existido nada. Desde siempre. Me creo poderoso, sin embargo. No puedo hacer nada, soy sólo conciencia, y puedo hacerlo todo al mismo tiempo. En esta realidad los términos todo y nada se confunden; porque puedo hacerlo todo, pero aquí todo es nada. Soy omnipotente e inútil al mismo tiempo.

Pero me creo poderoso, me repito. Me encuentro en un paraíso virgen de no realidad. O, más bien, de no realidad todavía. El negro y la oscuridad, el vacío, es el estado embrionario de todo lo demás. Me impera la sensación de que lo que va a ser imaginado va a convertirse ipso facto en realidad, en el primer elemento de este universo por nacer. Nacerá del negro y reemplazará el negro.


Todavía no he imaginado nada, soy solo pensamiento, verbo, no imaginación. Al principio –repito-, fue el verbo. Pero puedo imaginar, lo sé, soy poderoso, algún día imaginaré. Pero luego, me cabe la duda de que lo que voy a imaginar vaya a pertenecer al mundo interior mío, al de mi incipiente imaginación, o al mundo real, exterior, en el que reina la oscuridad y el negro. ¿Soy lo suficientemente poderoso para que esta realidad imaginada repercuta en la realidad real, la reemplace? ¿O morará únicamente dentro de mi intelecto eterno, de la sensibilidad de estar vivo que ni yo mismo soy capaz de comprender por qué tengo?

Y, esos elementos con los que pronto llenaré el espacio, ¿tendrán conciencia de mi existencia o se sorprenderán como yo por el hecho de estar cuando, lo más lógico, sería no estar? ¿Sabrán que no pertenecen a la realidad, sino únicamente a una imaginación mía que no es lo suficientemente poderosa como para comunicarse con la realidad real? ¿Y si esos elementos tuviesen también imaginación, pudiesen crear sus propios mundos y sus propios elementos imaginativos, todos hechos a mi imagen y mi semejanza?


De repente se me ocurre una idea, una idea genial. No entiendo como no se me ha podido ocurrir antes.

-Que se haga la luz.

Y la luz se hizo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Fanta de Naranja en mano

por nuestro colaborador Indulto para maravilla. Que espero que vuelva a colaborar con nosotros.

Jamás me he sentido una persona demasiado afortunada con el sexo. Es más: no lo soy en absoluto. Y no soy capaz de explicarme porqué. Me miro en el espejo cada mañana cuando me levanto y cada mañana descubro que no tengo mala apariencia física. Hago mucho deporte, voy al gimnasio. Soy inteligente. Mi expediente académico es bueno, pero debo confesar que no es brillante. Mi abuela me dice que tengo muy buena presencia, y yo me la creo. Y puedo hablar, tengo amigos. Me gusta reunirme con ellos, en el bar. La mayoría de las veces hablamos y, algunas veces, incluso reímos.


Pero, no entiendo porqué, ellos han pasado por varias novias repetidas veces, alternando entre unas cuantas al mismo tiempo incluso; pero yo no. Les gusta hablar sobre como se las han ido pasando de mano en mano y, mientras lo comentan, yo debo callarme. No tengo nada que decir y eso me entristece.

No entiendo porqué pero durante la noche, en los bares, mis amigos hablan con chicas, muchas chicas, decenas o centenares de chicas. Algunas noches las cuento, pocas. Normalmente únicamente les observo para intentar averiguar qué tienen ellos que yo no tenga. Me gusta observar sus conversaciones mudas por el excesivo volumen de la música, esa pantomima de gestos, sonrisas y miradas cuya letra me gusta imaginar. Hay muchas situaciones, un repertorio de pantomima relativamente extenso.


Pero llega un momento en que los patrones se empiezan a repetir. A veces son solo dos frases dispersas y ellas se alejan frunciendo los morros, a veces durante horas, rotando a través de los brazos de varios de mis amigos o permitiendo que las abracen por la cintura.

Yo, mientras, apoyado en la columna, les observo atentamente mientras bebo mi Fanta de Naranja, esperando algún hueco entre la huída de una chica y la llegada de otra nueva para intentar hablar con ellos.


No entiendo porque a mi las chicas no me hacen caso mientras que a ellos sí. Tengo una buena apariencia física, me peino y me ducho antes de salir de casa, soy inteligente. Deberé probar en estrenar aquella colonia cara que mi abuela me regaló por mi santo.



sábado, 14 de noviembre de 2009

Como te dije, déjame que te cuente otro cuento.



“No lloréis, el llanto os hará débiles”, “Debéis aprender la Retórica, la Gramática y la Astronomía amén de otras ciencias para el vivir sano del espíritu”. Cuenta la historia que los príncipes de antaño eran educados en artes tan altas como contrapuestas, así un noble debía ceñir la espada con tanta destreza como escribir versos. Y de esta forma fue instruido nuestro joven héroe, cuyo nombre la historia ha olvidado, haciendo de su tumba el olvido y de su vida la memoria. A riesgo de romper con esta premisa romántica daré un nombre a tan singular personaje y es que al conocer sus pasos pienso en Cándido como el más propio.

Cándido nació en el seno de una familia noble, de linaje antiguo, que había servido a los reyes de Castilla desde que estos recuperaran su trono en las batallas contra los musulmanes. Nunca antes el apelativo noble hacía epíteto tan acertadamente como a los ancestros de nuestro héroe. Y a veces ocurre que la vida alejada y espiritual suele menospreciar otros quehaceres más relacionados con lo terreno y temporal. Terminadas las batallas en Castilla y en el resto de la península, los guerreros castellanos volvieron a sus haciendas, las cuales habían permanecido en manos de sus lugartenientes quienes las habían administrado eficientemente. Sin embargo, la familia de Cándido inmersa en la guerra había descuidado sus bienes y tal fue el gasto acumulado que mal vendieron sus posesiones para satisfacer sus deudas. No dejó el rey castellano que tan noble linaje se viera hundido en la miseria y permitió que vivieran en un castillo con algunas posesiones donde mantendrían sus títulos nobiliaros. Y en este punto de la historia nació nuestro Cándido. Cuentan los astrólogos que al nacer dos estrellas del firmamento colgadas en un estado de completa quietud, descendieron desde lo alto dejando a su paso una estela brillante y dorada como lágrimas de oro, y que dichas estrellas llegaron a su rostro donde formaron sus ojos y su melancólica mirada.

Su niñez fue inocente y feliz. Al llegar la adolescencia sentía como su pecho pugnaba por salirse de su cuerpo y que su alma buscaba navegar por los mares libres. Poco a poco moría en la soledad del castillo, con la única compañía de un sabio médico árabe del cual se decía que conocía los secretos de inmortalidad de los egipcios y que tan poderosa era su magia que era capaz de convertir la noche en día y el día en noche.
Pronto supo tan ilustre maestro que Cándido necesitaba compañía y decidió enseñarle el lenguaje de las aves y de las plantas. No tardó mucho en aprenderlo diestramente y al cabo de unos días era capaz de mantener conversaciones con la lechuza sobre filosofía, sobre ciencias ocultas con el búho y sobre las rarezas del mar con la gaviota.

Pero su corazón seguía triste. Arrastraba sus pies entre la niebla espesa de su mirada… Hasta que cierto día llegó a él una paloma, tan blanca como pura, con una mancha en su pecho similar a un corazón y le habló: “Oh, príncipe que os sucede, vuestros ojos tristes me conmueven”, “Paloma, me encuentro en soledad, volando en las noches olvidadas mientras entono notas que mueren entre estas cuatro paredes descorazonadas”, “Príncipe, dejadme que os cuente algo. Hace algunas semanas volaba yo en busca de un lugar acogedor donde pasar la noche, y en la fortuna, encontré un estrecho balcón cálido. En él una joven y hermosa princesa lanzaba suspiros al destino capaces de llegar a oídos tan silenciosos como los de vos”, “Paloma, decidme, podéis llegar de nuevo al balcón y llevarle este mensaje”. Partió la paloma al alba brillando con el rocío como una saeta. Cuentan los antiguos que en este mensaje Cándido recitaba a su princesa un poema de amor el cual termina: “… no sé quién sois, no sé cómo os llamáis, pero mi corazón ha encontrado en vos un bálsamo de paz, os amo”.
Pasaban los minutos como horas y las horas como días, hasta que después de una larga espera volvió la paloma mensajera ensangrentada por la flecha de un cazador. “Joven príncipe, moriré en breve, tomad el mensaje que os traigo”, “Paloma, palomita, eres la redentora de mi alma, descansa en paz y que el altísimo te santifique como portadora de buenas noticias”. La respuesta de la princesa fue breve: “Ven a verme, necesito que me salves de estas cadenas que me oprimen”.
De modo que el príncipe salió una noche sigilosamente, tan solo acompañado por sus dos fieles amigos, la lechuza y el búho. Difícil fue la búsqueda de la princesa, entre otras cosas porque no hallaban el camino correcto. Hasta que cierto día cansados y hambrientos llegaron a las puertas de una ermita donde bebieron y comieron a su voluntad. Tenía el ermitaño un viejo loro que había vivido en cortes de medio mundo y que cansado de tanta belleza material había decidido retirarse a meditar esperando encontrar el otro tipo de belleza menos mundana y que alimenta en mayor medida el espíritu y las pasiones nobles. Les contó el loro como había llegado a conocer a la princesa y que era famosa en todo el reino por sus altos sentimientos y su rara belleza. Decidió, además, acompañar al príncipe hasta el lugar donde ella estaba cautiva. Varias semanas pasaron caminando entre algodones, hasta que finalmente llegaron a su destino. No dudó el joven, en situarse frente al balcón que le describió la paloma y con toda la fuerza de su voz recitó el poema que cierto día esperanzador escribiera para su amada. Ella reconoció el poema que había guardado en su corazón y tal fue su gozo que cayó en manos de su príncipe extasiada de alegría.
Pero como suele pasar en todas las historias de amor, siempre existe un temible lobo que trata de desterrar los besos y abrazos de los enamorados. Y este no era otro que las convenciones familiares de la princesa. Cuando la dama nació, los astrólogos predijeron que la dulce flor escaparía con un noble venido a menos, el padre temeroso de tal profecía la había encerrado en la torre esperando que el tiempo evaporase el halo de pesimismo que predecían los augurios. Sin embargo, el destino atrapa con sus redes las vidas de los hombres y los somete a su implacable autoridad. Los dos amantes escaparon temblorosos y abrazados a su suerte. Pronto se dieron cuenta en el castillo de lo que había sucedido y un grupo de jinetes capitaneados por el señor y padre de la dama salieron en busca de los enamorados. Varios días duró las búsqueda, días en los que a pesar de las adversidades, los jóvenes fueron tan felices como nunca lo habían sido antes en sus vidas. Hasta que en su desgracia, fueron sorprendidos mientras dormían por el despiadado castellano que herido en su honor atravesó cruelmente con su espada el pecho de nuestro héroe golpeándole en la esencia de la vida. Al ver semejante acto, la princesa tomó la espada de su padre con la determinación del dolor que proporciona ver morir a un ser amado y la hundió en su enamorado corazón. En susurros sus voces se unieron para lanzar al viento: “juntos para siempre”. Y así es como juntos permanecen eternamente. Año tras año al llegar la primavera en este mismo lugar del bosque dos flores blancas y puras como la luz del alba enrollan sus tallos formando una única flor conocida como los eternos amantes.

martes, 8 de septiembre de 2009

La Fragua de un caballero




Hace tiempo que quería escribir algo bajo este título. Esta vez me toca a mi contar un cuento Noe :) Y dice así:



En un territorio olvidado, sin nombre y solitario para muchos, vivía un caballero junto a su esposa y siete hijos. Gustaba en exceso de participar en torneos donde solía acabar con heridas unas veces profundas y dolorosas otras simples magulladuras. Tal era su afición que pronto le empezaron a acompañar sus hijos, al cumplir la floreciente edad de quince años. Todas las primaveras los caballeros tomaban sus armas y con porte orgulloso salían a caballo formando una comitiva de brioso caracter. Las gentes humildes dejaban sus tareas y quedaban asombrados al ver pasar a aquellos caballeros bien conocidos por su valentía.

Eran días felices para las mesnadas de aquel territorio que daremos por nombre La Yerma Floresta, porque era una floresta hasta el día que el infortunio sacudió a sus pobladores con el latigo de su pesar. Y así fue como estando los caballeros en un torneo, llegó a La Yerma Floresta el rey de los territorios vecinos que consciente de la indefensión del momento tomó a sus tropas y casi sin esfuerzo conquistó los floridos territorios que eran objeto de su deseo. Se apoderó de todas las posesiones del caballero, desde su lecho hasta su ganado, incluso de su único hijo que tan sólo contaba siete años y por lo temprano de su edad permanecía en el hogar. Como llevada por un aire pestilente y extraño la noticia llegó a oidos del caballero y sus seis hijos que no dudaron en emprender el regreso para defenderse del mayor ultraje jamás conocido. Pero tal era la cobardía del usurpador y tal el orgullo de los afectados que a su regreso cayeron en una emboscada de la que salieron derrotados. Lucharon con fuerza, sus armas teñidas de rojo repartían mandobles haya donde cualquier sombra tejía su manto. Hicieron falta más de cincuenta caballeros para detener la furia y el miedo de aquellos hermanos de sangre que se habían conjurado para defender lo que legitimamente les pertenecía.

Los reyes vecinos se enteraron de la noticia y juntaron sus tropas para devolver La Yerma Floresta al pequeño hijo desafortunado, el heredero de aquel reino que sin rey comenzó a menguar, sus gentes ya no reían mientras vivían, las mujeres no quedaban embarazadas, los campos no producian trigo para el subsidio y para colmo la noche traía del norte un aire pestilente y extraño que impregnaba de suciedad las calles y viviendas. La guerra fue breve y el reino liberado, sin embargo la esterilidad permanecía a la falta de la llegada de un rey.



El joven hijo del caballero muerto creció rodeado de un aroma feliz, y quizá por ello el tiempo pasó rapido como rayo de tormenta. Llegaba, entonces, la primavera, época en que el joven salía a cazar con su arco, cuando se encontró con unos seres de reluciente armadura que como ángeles de fulgente brillo se acercaron a él : "dinos muchacho hacia donde debemos ir para encontrarnos con el rey Artús", "señor, ¿sois acaso ángeles?", " muchacho, no, por dios, no soy un angel, soy caballero y busco la corte del rey Artús", " Señor, no sé lo que preguntais pero si andais por el sendero que tenéis en frente llegaréis a un castillo donde seréis bien informado", "gracias muchacho". Quedó perplejo nuestro joven héroe y tal fue su impresión que decidió hacerse caballero pesase a quien pesase. Tomo su yegua y se dirigió al hogar para contar a su madre aquella casi mística experiencia, pero lo que al principio era alegría en el rostro de la madre se tornó en tristeza al escuchar de boca de su hijo aquella palabra maldita "caballero". Mucho rogó la piadosa madre para retener a su hijo y evitar así que siguiera los mismo pasos que su esposo e hijos perdidos, pero la resolución del joven era fuerte y clara. Una mañana de mayo con el alba aún entonando melodías por boca de los pajarillos del bosque, salió con su yegua, su madre cayó desvanecida y nunca más volvió a saber nada de él porque en el momento que su hijo cruzó el puente cayó al suelo sin vida.

El joven fue armado caballero y reconocido por todos como el más grande y valiente de todos los guerreros que se recordaban, pero algo en su interior le impedía ser feliz. Aún recordaba a su madre, aún guardaba en su memoria la imagen de su madre cayendo desvanecida en el otro extremo del puente. Decidió que debía volver a su tierra, a aquella tierra antaño Floresta y hermosa que la codicia de un rey convirtió en vacía y estéril.

No sabía que camino tomar para volver a su hogar de niño, nadie recordaba ya La Yerma Floresta. Pero como Ulises en busca de su Ítaca, buscó y buscó, hasta que un día escuchó de un anciano un cuento, el cuento de su vida, un cuento que el anciano tituló "la fragua de un caballero" y al término del mismo concluyó "nadie sabe donde se haya el rey perdido de La Yerma Floresta, muchos los buscan entre ellos yo, pues he de darle el mensaje de la muerte de su madre" . Palabras que como losa pesada hundieron el alma del caballero bajo mares de miedo, duda y culpabilidad. El sabio anciano le indicó el camino de vuelta a su casa y al cabo de varias jornadas llegó para ser proclamado rey. El hijo que nunca debió partir se fue siendo niño y llegó siendo un hombre de honor capaz de gobernar sus territorios. La tierra antaño valdía comenzó a florecer de nuevo, el aire volvió a tomar el aroma de las flores de primavera y es cuando el caballero comprendió que la tierra feliz de su niñez es aquella en la que sus huesos deseaban descansar.