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sábado, 13 de noviembre de 2010

Un adiós eterno.


En las descoloridas páginas de un extraño manuscrito que fue depositado en el monasterio de Samos por un comerciante judío a principios del siglo X, pude leer una leyenda única, un preludio de novela, un texto musical y atrayente. A pesar de su antigüedad, semejaba un canto vivo como la tinta aún brillante que adornaba los bordes de las páginas en forma de garabatos. Me llamó la atención la sencillez, no exenta de elementos complejos, de los grabados del manuscrito, quizá formasen un arte imposible de encontrar en cualquier otra escena plástica medieval. Esta pequeña joya, en forma de letras, estaba escrita en latín, probablemente el comerciante judío lo adquirió en algún otro lugar de la cristiandad. Mis conocimientos de latín son bastante limitados, de modo que con la ayuda del organista de la catedral de Samos, conseguí entender algunos pasajes, dando forma a esta peculiar leyenda no exenta de imaginación:

En los tiempos antediluvianos existía una región en el corazón de Grecia cubierta por la despiadada geometría de rocas puntiagudas, bañada por los inhóspitos rayos del sol y temida por ser el lugar de escondite de cuantos maleantes escapaban de la justicia. En medio de esta yerma existía un pequeño poblado, cuyos moradores eran reconocidos por su habilidad para la agricultura y el comercio. Habían desarrollado toda una red de acequias subterráneas para regar sus campos y desde hacía mucho utilizaban la moneda como medio de pago en sus transacciones.
Para evitar el pillaje de los bandoleros los hombres del lugar solían guardar sus campos en las frías noches del invierno. Y fue en una de aquellas noches cuando el vigía que a la sazón hacía turno escuchó el lejano sonido del llanto de un bebe. Al principio pensó que los íncubos de la noche querían engañarle jugando con el misterio de la escena misma, sin embargo, al poco tiempo tropezó con un bulto blanco que se mecía tibiamente en la tierra todavía caliente por el sol de la tarde. No dudó en tomar al niño entre sus brazos, y esa misma noche, lo presentó ante el anciano del lugar:

-Venerable anciano- dijo el campesino- Fijaos en este paño blanco que he encontrado en la tierra oscura, su interior cobija la mirada más cálida que jamás se haya visto en nuestras pobres tierras.
-Estás en lo cierto –respondió el anciano- su mirada es pura como la de
un Dios. No parece engendrado en nuestra modesta aldea, aun así debemos encontrar un lugar donde alojarlo.
- Anciano, como sabéis, mi mujer y yo perdimos a nuestro único hijo nada más nacer y si es de vuestro agrado nos complacería cuidarlo y educarlo como su fuera aquel hijo perdido.
-Sea pues lo que dices- concluyó el anciano.

Como era costumbre por aquel entonces en Grecia y en todos los países del Asia Menor, los recién nacidos debían contar con el agrado de los astrólogos, puesto que el futuro del poblado dependía del buen destino de sus ciudadanos. Tal era el conocimiento de los sabios que fueron capaces de establecer el día exacto del nacimiento del niño, llegando a la conclusión de que nació bajo la constelación de Lira y por ello fue nombrado Orfeo, Orfeo de Lira.

A pesar de contar con unos meses de vida, el niño era adorado por todos. Ora miraba a las tiernas madres con sus ojos de miel, ora proyectaba la bendición de su sonrisa sobre los ancianos, ora jugueteaba con los demás niños quienes le envolvían en un corro de risas y cantos. Pronto entendieron los astrólogos que aquel niño era un regalo de los dioses quienes admirados con la fuerza de esta pequeña aldea para soportar los males de la tierra, quisieron hacer justicia en la forma de un niño bendecido. Sucedió, además, que al cumplir el joven Orfeo un año de vida, nació en la aldea una niña de hermosos ojos verdes bajo la constelación de Andrómeda, de la cual tomó su nombre.

Desde el inicio los dos infantes se amaron, al principio como si fueran hermanos, más tarde como amantes. Cuenta el relato que al llegar la edad púber, la gracia y belleza de la pareja era tal que los viajantes nómadas no dudaban en hacer una parada en la aldea para conocer semejante prodigio de nobleza allá donde el paisaje era más inhóspito y raro.

Hace mucho tiempo, en las fechas en las que transcurrieron los hechos, los dioses solían descender a la tierra desde su morada en el Olimpo, y solían caminar por ella como un humano más. Así fue como la diosa del amor, Afrodita llegó a la aldea una tarde de verano, oculta bajo la aparienciade una rica princesa, y acercándose al muchacho le habló con estas palabras:

-¿Orfeo te llamas bello muchacho?- quiso saber la diosa.
-Así es señora- respondió el muchacho con una timidez provocada por la ostentosidad de la diosa.
- Ven conmigo y tendrás mi amor.
- Eso no lo haré señora.

Estas palabras tenues pero firmes hirieron el corazón de Afrodita enamorada de la mirada aterciopelada del muchacho.

Llegados a este punto, el libro reflexiona sobre la naturaleza del tiempo. Cuenta que los dioses son inmortales y que para ellos no existe el tiempo, para que lo necesitan si tienen el don de la infinita paciencia. Hace saber, además, que los seres humanos podemos llegar a ser inmortales, si eliminamos el tiempo, si dejamos que esta ilusión se esfume de nuestro corazón. Somos inmortales en la medida en que nos olvidamos del tiempo en la medida en que somos infinitamente pacientes.

Y es por su inmortalidad, por lo que Afrodita esperó años hasta volver al lugar donde se hallaba el muchacho, esta vez bajo la apariencia de una joven extraviada:

-Hermoso campesino- dijo la diosa- me hayo perdida en estas tierras extranjeras. Dadme un techo para pasar la noche y a fe mía que os lo compensare.
-Venid conmigo, esta noche reposaréis en mi morada- Respondió Orfeo.

La casa de Orfeo tan sólo contaba con una habitación y un modesto lecho que cedió a la diosa. Aquella fue una noche hechizante... Las llamas del hogar jugaban con los objetos de la sala en un matiz claro-oscuro insinuante y misterioso, tanto como lo era el aspecto de aquella joven. La atmósfera del lugar comenzó a colorearse con las notas del canto de la diosa y no hay voz más cautivadora que la de la diosa del amor. Orfeo extasiado, amó el sonido celestial del cantar de Afrodita. Y las horas pasaron… hasta que el carruaje de Apolo volvió a iluminar las tierras aun dormidas:

-Orfeo, Orfeo. Ven conmigo y podrás saciar tus oídos con mi voz.
- No señora, eso no sucederá.

Y como si de un encantamiento se tratara la atmósfera sensual que los envolvió se desvaneció. Pero esa noche el alma del joven cambió. La música de la diosa se habia posado en lo más profundo de su corazón, revelándole sentimientos que nunca antes había experimentado: vértigo, asombro, miedo, compasión, dulzura… fuerzas que nublaban su razón con el recuerdo aún latente de las melodías divinas.

Ahora el relato pasa a contar como el joven abandonó la aldea y como vivió innumerables aventuras, en tierra y mar, en oriente y occidente, en las frías tierras del norte y en los cálidos desiertos del sur. Quizá pasaron años, décadas incluso, pero ¿acaso importa el fluir del tiempo en una época en la que la vida se contaba por los actos y no por el momento?

Existía una región donde las ciudades eran regidas por los designios de las constelaciones, ciudades en donde los gobernantes hacían honor a la palabra justicia y los humanos colaboraban estrechamente con los dioses en busca de un mundo mejor. Esta tierra era conocida bajo el nombre de Sumer y de ella surgiría el caudaloso imperio babilónico. Los sacerdotes sumerios adoradores del dios An, eran conocidos por sus dotes musicales. La mayoría tocaba la lira con tal destreza que las vibraciones tenían la virtud de llegar a lo más profundo del oyente y así llegaron al alma de Orfeo donde en la más callada resonancia hicieron resurgir las notas que en el pasado grabara Afrodita. Tan maravillado quedó de aquella amalgama de sonidos que tomó los hábitos de monje y aprendió a tocar la lira.

El destino. Cuántas letras se podrían escribir sobre él. Unas veces despiadado otras amable, pero siempre tejiendo la senda por donde nuestros pies caminan. Nadie supo ni siquiera su nombre, pero Orfeo blandía la lira con una maestría insuperable. Gobernantes, sumos sacerdotes, profetas, astrólogos, incluso animales del bosque llegaban a la región de Sumer para escuchar sus melodías. Melodías tristes inspiradas por el recuerdo de su amada Andrómeda a quien abandonó por conquistar un sueño que ahora había convertido en realidad. Como dolían los recuerdos, similares a dagas punzantes que vertían su fiereza sobre el espíritu. Por ello decidió volver…

Que fantásticas aventuras nos hace saber el relato original. Náyades, barcos a la deriva dirigidos por gigantes, sirenas, guerreros de piel oscura, islas con lagos de oro… Todo se entreteje dando lugar a un extenso capítulo mitológico. Espero me perdonen si no recojo las anécdotas, tan prodigiosas y únicas como quizá no se conozcan, pero baste con decir que aquel Orfeo pasó por similares aventuras que Ulises de Ítaca, aunque si bien el príncipe griego vencía por su ingenio, el músico triunfaba merced a la belleza de su canto.

Tras una larga travesía, Orfeo encalló en las costas de Grecia. Aquel muchacho que hace mucho tiempo partió indefenso; volvía dirigiendo un navío tan extenso que hubieron de desembarcar ayudados por los pequeños botes que llegaban desde la costa. Tamañas fueron la sorpresa y admiración que ocasionaron que la reina los recibió esa misma noche en su palacio y como no podía ser de otro modo Orfeo tocó y tocó hasta bien entrada la noche. Fue aquel un canto alegre motivado por su vuelta a casa, en el que la inspiración casi divina se manifestó en forma de notas musicales tan perfectas como bellas. Cuando su “awen” dejó de tocar, llegó hasta él la reina ataviada con un vestido de oro, hermosa y luciente como los diamantes que flotaban en su cabello rubio:

-Bello es quien crea belleza. ¿Quien sois extranjero?- dijo la reina.
-Me llamo Orfeo, reina venerable, y he vuelto al lugar que me vio partir para quedarme junto a mi amada Andrómeda.
-¿Como? ¿Sois Orfeo?¿Aquel por el que la inocente Andrómeda dio su vida?.

Quedó turbado el músico ante semejante noticia. La esperanza y la vida son como dos mitades complementarias que danzan mientras suena el latido de los corazones. El corazón de Andrómeda se paró porque perdió toda esperanza en el retorno de Orfeo.

El libro nos relata como aquella reina era de nuevo la diosa Afrodita y como esta vez logró casarse con el marinero de la lira quien volvió, como antaño, a teñir melodías de semejante tristeza que hacían lloran a los animales y hasta las nubes precipitaban sus gotas rítmicamente al son de su canto.


Y llegó la primavera, época de florecimiento y regeneración. La naturaleza comenzaba a despertarse tras el letargo del invierno. El rielar de la luna en las aguas de la orilla, la brisa fresca repleta de mil perfumes alados, otorgaban a aquella noche del abril una atmósfera bruja… Orfeo se encontraba inquieto como si se hallase en la antesala de una salón de baile donde se fraguaría su destino hasta el final de los tiempos. Cabizbajo, doliente, apesadumbrado, tomó el camino hacia el viejo acantilado, allí había disfrutado de su querida Andrómeda cuando las necesidades los traían a la costa. Cuan felices y sencillos eran aquellos tiempos… Un paso, otro paso hacia el acantilado, a un lado la muerte oscura y grave al otro la vida cruel y fugaz, arriba una estrella de tintineo dorado que empezó a hacerse más y más grande a medida que se acercaba al músico. Quedó sorprendido ante tal fenómeno y pensó que se trataba de la reina quien enviaba una guardiana para su cuidado. Sin embargo cuanto más se acercaba más se parecía a la dulce Andrómeda. Orfeo calló de rodillas y se dirigió a la luz con palabras entrecortadas.

-¿Eres tu Andrómeda?
-Orfeo, por fin te encuentro… Cuantas noches he esperado tu llegada. Cuántas noches he contado las estrellas del firmamento, cuántas noches he anhelado este momento- dijo Andrómeda bajo su apariencia espectral.
-Andrómeda, perdóname por haber salido de nuestro nido de amor aquel día fatídico que no he dejado de maldecir a cada hora, a cada minuto. Tan sólo deseo volver a tus brazos y si por ello tengo que vender mi alma a los infiernos de Hades con gusto lo haré.

Andrómeda esbozó una leve sonrisa de compasión y bondad.

Sé que ese es tu deseo y he venido a complacerlo. Ven abrázame y que la eternidad nos mantenga siempre unidos.

A la mañana siguiente fue hallado el cuerpo de Orfeo sin vida en el fondo del acantilado donde el hombre del faro le había visto hablar con una hermosa estrella luciente y viva de la constelación de Andrómeda.

Cuenta además el libro que todos los años al llegar la primavera se pueden observar en el horizonte dos estrellas unidas conocidas como “los enamorados”, y sólo puede verse el prodigio durante una única noche. Mucho tiempo ha pasado desde que Orfeo buscara a su amada en los riscos de la muerte, varios diluvios anegaros la Tierra, pero este prodigio puede verse año tras año en las costas de un remoto pueblo costero de Grecia. Su destino era estar unidos por siempre, vivos en la eternidad y es que el amor verdadero pervive en el tiempo y en el espacio, es capaz de vencer diluvios y volver año tras año a bendecir el mundo con la pureza de su luz.


martes, 29 de diciembre de 2009

Ensueño de un rayo de luna

Hace unos días volví a leer una leyenda de Bécquer titulada "Rayo de luna". Para los que no la conozcáis trata sobre un joven soñador conocido como Manrique que se enamora de un rayo de luna creyendo que es el vestido de una mujer que juega con las sombras del bosque. Y esta leyenda me inspiró este poema. El ensueño de Manrique:




Me acerco. Me acerco suavemente
protegido por el ruido del silencio.
Contemplo. Contemplo un bulto,
entre las sábanas, blanco de luna.
Siento. Siento que te pierdo,
en la noche, oscuro presagio.
Deseo. Deseo estar contigo
allí donde sueñas, pureza de mi corazón.
Amo. Amo tu boca de cristal,
anhelo febril que me tiene aprisionado.
Odio. Odio el tiempo sin alma
que me aleja de ti.
Lloro. Lloro lágrimas sordas,
mudas para expresar que no puedo
olvidar, olvidar, olvidar, olvidar...
Palablas que resuenan en mis oidos
al son de tambores amenazantes.
Te abrazo. Abrazo las sábanas
donde te reflejas, donde te percibo,
sigues mirando a la pared.
Dudo. Dudo de que te encuentres
acurrucada detrás de la manta,
límite ahogado, frontera dolorosa.
Y levanto, levanto las sábanas.
¿Dónde estas? tienes que ser real.
Caigo. Caigo de rodillas
todo ha sido un sueño iluminado
por un rayo de luna que se hizo mujer,
deseo contrariado.
Y esperaré. Esperaré a la siguiente noche,
sé donde encontrate, cerca de mí,
acurrucada entre mis sábanas.

sábado, 10 de octubre de 2009

Una reflexión sobre la sabiduría.


Leía hace unos días un breve comentario sobre un movimientos filosófico-religioso que existió a comienzos de nuestra era conocido como gnosis. La expresión "gnosis" procede del griego y significa "conocimiento". No es un conocimiento de las cosas de nuestro entorno, sino de nosotros mismo, tarea complicada, porque entre otras cosas son necesarias experiencias vitales y también la capacidad de uno para situarse fuera del "yo" y evaluar los actos objetivamente. Por tanto el "meta-yo" es inherente a la actividad de autoconocerse.


Yo diría que en la historia de la humanidad, han habido dos grandes corrientes de sabiduría en mi opinión antagónicas que han perdurado desde la noche de los tiempos. Por un lado está la tradición oriental y por otro lado la occidental.


Hablando de la tradición occidental, diría que la más alta meta de cualquier buscador de la verdad y de la sabiduría es la máxima del oráculo de Delfos "conócete a ti mismo". Y aquí aparece la gnosis, como una vía para el autoconocimiento. Creo que la historia ha maltratado a estas doctrinas de comienzos de nuestra era, quizá porque no producían ningún cambio a nivel social, quizá porque no era una idea innovadora que produjese beneficios monetarios. Quizá porque no permitía explicar nuestro entorno tan "amenazante". ¡Cuánto nos tienen que enseñar los antiguos!.


Por otro lado, y a menudo en dualismo, aparece la tradición oriental. En esta tradición se persigue la sabiduría a través de la anulación del deseo y del sentimiento que son la base de nuestro sufrimiento. Mediante unas técnicas de meditación los sabios orientales buscan ser uno con las cosas, ser un árbol más, ser un animal inconsciente más, abrir su mente y percibir el paso del tiempo.
Según lo dicho, el pensamiento occidental a diferencia del oriental es egocéntrico, lo cual coincide con la cosmovisión tradicional según la cual el ser humano se encontraba en el centro del Universo, de modo que la sabiduría es el yo, y el autoconocimiento. Sin embargo la sabiduría oriental no es egocéntrica sino que busca la disolución de uno mismo con las cosas para formar parte de un macrouniverso en el cual el ser humano es tan sólo una diminuta fracción.
En mi opinión ambas tradiciones son igualmente válidas y en este mundo tan "transversalizado" en el que vivimos una síntesis de las dos culturas sería lo más provechoso para el buscador de la sabiduría.

lunes, 13 de julio de 2009

La filosofía en Oriente, una forma de superar la razón.


A lo largo de la historia de la humanidad siempre ha habido épocas difíciles. Momentos en los que el ser humano se encontraba desorientado ante la vida. Uno de esos momentos transcurrió a principios de nuestra era. El Imperio Romano rozaba el agotamiento, los ciudadanos comenzaban a ser conscientes de que su antaño protector comenzaba a debilitarse dejándoles expuestos al poder de los mal llamados bárbaros.

En este contexto de indecisión, de duda general, comenzaron a llegar a occidente doctrinas cuyo origen se remontaba al hinduismo o al budismo. Y ello gracias a ciudades puente, tales como Damasco o Alejandría donde el comercio y la mezcla de razas habían creado un crisol de culturas sin precedentes en la historia. Así fue como en el año 205 d.c. nació en Egipto el filosófo Plotino. Algunos expertos dicen de su filosofía que representa uno de los momentos más culminantes del pensamiento occidental, puesto que vislumbrando los límites de la filosofía griega hace un esfuerzo por superarlos.

En cuanto a su vida, fue alumno del filósofo probablemente de origen indio Amonio Saccas. Plotino viajó, gracias a las campañas del emperador Gordiano, por la región de Persia donde aprendió mucho acerca del conocimiento religioso y místico de esta atrayente y magnífica cultura. También conoció doctrinas hinduistas. Su formación platónica y racional se enriqueció pues con estos viajes casi de explorador y comenzó una fusión única y culminante entre razón y espíritu.

El pensamiento de Plotino es amplio, sin embargo, una característica es crucial: La diferencia entre Plotino y Platón o cualquier filósofo "racionalista" heleno, radica en que Plotino considera que la felicidad y la salvación del individuo reside en "disolverse" con el todo a la vez uno, mientras que Platón sitúa la salvación en tomar conciencia racional de los hechos que suceden en nuestro entorno. Plotino concibe que la razón no puede ser aplicada a ultranza, puesto que en ella no reside la tranquilidad y serenidad de las almas, de modo que él busca la paz en las filosofías orientales del camino recto. Quizá Plotino fue el pionero en intentar aunar ambas culturas, que en el fondo persiguen lo mismo si bien por camino muy distintos.

En el fondo todo se repite, como dijo Nietzsche la ley del eterno retorno gobierna nuestras vidas. Actualmente estamos en una época en la que muchas personas, al igual que Plotino en el siglo III d.c. se sienten desorientadas y tomando conciencia de que la razón no ausenta sus dudas recurren a oriente y a sus doctrinas de la paz interior.

miércoles, 8 de abril de 2009

¿Quién es él? ¿quién ella? todos y cada uno de nosotros




Y un día ella llama a la puerta

él no la abre.

Sabe que su mirada es peligrosa

que hipnotiza los sentidos.

Entre las rendijas de la puerta,

navega hasta su olfato

el halo inocente de su perfume.

Llora mientras abre la puerta.

Sabe que no debe llorar.

Ella está allí, en el umbral de su alma

con su mirada cándida que le atrapa

entre unas redes dañinas.

En la noche suenan, resuenan las campanas,

acordes solitarios y olvidados,

voces de balada, hechizantes.

Incluso ella en su inmensidad, lo siente.

Dos perlas recorren sus ojos,

al buscar las manos de él.

Y las besa con la pasíón,

de unos labios hechos para soñar.

Y mece su cuerpo entre sus brazos

mientras le jura amor eterno.

Y todo fue en la noche,

cuando los débiles corazones exhalan,

un aliento blando,

tornándose débil.

Todo fue en la noche.

Quién ella, quién él...






lunes, 22 de diciembre de 2008

En fondo, sólo existen ceros y unos

Este breve artículo es un comentario a las palabras de Thomas Pynchon que publicó Marc bajo el título de una buena pregunta. La idea no es demasiado descabellada si tenemos en cuenta que nuestras vidas se configuran mediante decisiones que podemos tomar o no, es decir, que el código binario es algo presente en nuestra forma de entender la vida.Existe un libro de filosofía china conocido como I Ching o libro de las mutaciones. Resulta que este libro está constituido por 64 hexagramas, y cada hexagrama está constituido por 8 líneas horizontales colocadas unas sobre otras, cada línea horizontal puede ser continua o discontinua. Cada hexagrama pretendía referirse a una parcela de la realidad. De modo que cada hexagrama esta formado por un código binario (linea partida o línea entera) y mediante combinaciones de ese código binario se expresaba una parte de la realidad. Quiere esto decir que la idea binaria es muy atractiva para explicar la realidad porque es simple y no da lugar a juicios de valor, es la forma más directa de referirse a nuestro mundo. Pensar en el mundo como un complejo escenario creado por Dios donde todas nuestras pautas y comportamientos se reducen a una compleja combinación de unos y ceros, creo que es la forma más directa de conocer la realidad. Una especie de Matrix donde por composición de acciones y funciones (ya lo decía nuestra querida álgebra) creadas en base a un código binario se deduce la diversidad que nos rodea. En Matrix a ese ser surpremo,creador de la lógica y de esas funciones, lo llamaban Arquitecto, me parece una muy buena mención para el ser que se encarga de "programar" nuestras vidas. Ah! que fácil suena el mundo contado de esta manera Muy buena la cita de Thomas Pynchon.

sábado, 1 de noviembre de 2008

E.M. Cioran o el pesimismo



Hace algún tiempo un buen amigo me prestó un libro de esos que enriquecen a cualquier amante del conocimiento. Se trata de un texto conocido como Adiós a la filosofía y otros textos, el autor es un filosofo de origen rumano conocido por Cioran.

Se trata de un filosofo marcado por los grandes problemas de nuestro tiempo.William H. Gass definió el trabajo de Cioran como "un romance filosófico en temas modernos como la alienación, el absurdo, el aburrimiento, la futilidad, la decadencia, la tiranía de la historia, la vulgaridad del cambio, la conciencia como agonía, la razón como enfermedad". Su pesimismo es tan acusado que le hace depreciar la vida, a los demás e incluso a sí mismo, era común en sus labios la siguiente frase "Soy sólo un accidente. ¿Por qué debo tomarme en serio?". Pero no pensemos de él como un loco, sino más bien como un genio que pretendió destruir la filosofía negando toda verdad. Pensaba que tras los complejos sistemas filosóficos que pretender elaborar los pensadores se ocultaba un ansia de inculcar sus pensamientos sobre los demás, es decir, un sentimiento irracional de imponer su verdad a los demás y en este sentido formar a futuros fanáticos. Era un crítico, un escéptico postmoderno, en fin un "graciosín" ajeno a todo formalismo y convención. Fue un acérrimo seguidor de filósofos "aislados", ajenos a toda pretensión intelectual tales como Dithey o Kierkegaard, filósofos de la catástrofe, de la duda y de su intento de superación.

El hecho de que Cioran tuviera estos pensamientos nos hace pensar en el pesimismo, pero sin embargo en su lenguaje no existe tal sentimiento, sino que es un lenguaje vivo, lleno de fuerza. Creo que Cioran sí apreciaba su vida (de hecho murió de anciano), le gustaba tal y como era, se sentía cómodo inmerso en aquello que le apasionaba, la crítica, la crítica con tono enérgico y violento, como prueban sus aforismos, claros, exactos, precisos como un latigo que pretende sacarnos de la ignorancia fácil.

Cioran fue introducido en España por Fernando Savater. Algunos filósofos españoles pensaban que Cioran era un nombre inventado por Savater, que realmente detrás de ese amargado pensador se encontraba el risueño Savater. Se dice que cuando Savater le comentó la anecdota a Cioran, éste dijo que no le importaba en absoluto que le consideraran una invención. Es indudable la importancia del filósofo español en el conocimiento de Cioran, de hecho es en España donde más se ha leído a este autor.

sábado, 25 de octubre de 2008

La humanidad parte de la Atlántida

Que la especie humana es diferente al resto de especies que pueblan el planeta Tierra no es ningún secreto. Poseemos algo que nos diferencia del resto, mejor o peor, no lo sé, pero si el algo que nos caracteriza, hablo de la razón. Quizá también el sentimiento, pero tiendo a pensar que un perro puede sentir miedo y sin embargo dudo de que sepa resolver ecuaciones de segundo grado.
A lo que voy, esa razón que tanto queremos, que tanto adoramos, que nos convierte en dioses es a la vez un arma de doble filo. A través del ingenio resolvemos muchos problemas, pero no tenemos en cuenta los efectos secudarios. Cuando se desarrollaron los primeros sistemas de propulsión a base de combustibles fósiles, los pioneros no conciberon que 100 años más tarde sus inventos se convertirían en una especie de autodestrucción. No quiero ser alarmista, pero quizá suceda lo mismo con las células madre, con la robótica o con la investigación atómica, el tiempo lo dirá. Ahora bien, creo que estas investigaciones son necesarias, aunque nos lleven a nuestra autodestrucción. Esto me recuerda al mito de Edipo. Edipo llegó a ser rey pero cuando se enteró de que se había casado con su madre y había matado a su padre se clavó unos afileres en los ojos para quedarse ciego, no se creía digno de vivir. Si Edipo no hubiera tenido curiosidad, hubiera sido un próspero rey repleto de riquezas y felicidad, sin embargo el querer saber más le llevo su autodestrucción. No puedo evitar preguntarme ¿Es acaso ser ignorante ser feliz? en fin que cada uno responda según su criterio.

Todo esto que he dicho antes, viene a cuento de que quizá ese impulso de conocer que es innato al ser humano pueda provocar que la tierra en un futuro sea un lugar imposible donde vivir. Desde hace algunos años cietíficos de la NASA buscan en el espacio planetas similares a la Tierra. No nos engañemos, somos una especie muy frágil, necesitamos unas condiciones muy particulares para vivir y buscar una nueva Tierra no será fácil, pero si necesario.
A veces pienso si la Tierra no es el núcleo del que surgirá la colonización del espacio. Suponiendo que somos los unicos seres con inteligencia (parece ser que no es así pero oficialmente aún no se conoce o reconoce vida inteligente en otros planetas) y dejando volar la imaginación por qué no pensar que de esta humilde mota de polvo que da tumbos en el espacio surgirá la bulliciosa vida que diversificará el Universo. Me explico, cuando colonicemos el espacio (si realmente sucede) cada grupo de seres humanos que habiten un planeta se adaptarán a las condiciones de vida de ese planeta, quizá modifiquen su piel para adaptarse a una atmosfera más dañina, o su ojos para poder ver en un planeta con una mayor cantidad de penumbras, o por que no quizá modifiquen su inteligencia.

Para entrar en detalle de todas estas disquisiciones recomiendo los relatos de Isaac Asimov, un químico con dotes narrativas. para los que prefirais pasar el rato con unos videos aquí os dejo un enlace que contiene unos videos muy interesantes.

http://www.natgeo.es/articulo/Cienciaaldesnudo_Spaceman.htm

miércoles, 8 de octubre de 2008

Educación para lo Orwelliano



El adjetivo «orwelliano» se utilizada en referencia al universo totalitarista imaginado por el escritor inglés. Intentando evitar ser pretencioso o pedante, expongo un punto de vista. Admito que puedo equivocarme.

George Orwell, pseudónimo de Eric Arthur Blair (Motihari, India, 25/06/1903 - Londres, 21/01/1950), fue un escritor y periodista británico, cuya obra lleva la marca de de las experiencias personales vividas por el autor en tres etapas de su vida: su posición en contra del imperialismo británico que le llevó al compromiso como representante de las fuerzas del orden colonial en Birmania durante su juventud; a favor de la justicia social, después de haber observado y sufrido las condiciones de vida de las clases sociales de los trabajadores de Londres y París; en contra de los totalitarismos nazi y soviético, tras su participación en la Guerra Civil española. Orwell es uno de los ensayistas en lengua inglesa más destacados del siglo XX, y más conocido por dos novelas críticas del totalitarismo estalinista: «Rebelión en la granja» y, sobre todo «1984», novela en la que crea el concepto de «Gran Hermano» que desde entonces ha pasado al lenguaje común de la crítica de las técnicas modernas de vigilancia.

Reflexionando sobre el alcance y la influencia real de estas novelas, sobre todo desde un punto de vista pragmático, en el que la verdad y la bondad deberían ser medidas de acuerdo con el éxito que tengan en la práctica, uno se pregunta cuántos de los que han leído a Orwell han llegado a pensar seriamente durante más de 5 minutos seguidos sobre los interesantes temas que se plantean. Más aún, cuántos realmente actuarán en consecuencia a sus propias conclusiones.
Ejemplo: Una persona A regala Rebelión en la granja a una persona B. Éste, emocionado, lee y termina el libro en apenas unas horas, concluyendo con un sonoro: “¡Muy bueno tío, muy bueno! ¡Es que es la puta realidad! ¡Así es la vida!”. B, que tanto rugía de emoción al creerse poseedor de una idea propia, unas horas más tarde ya ni se acordará de sus palabras y no habrá modificado en lo más mínimo su proceder. Eso sí, seguirá entrenando duramente en el gimnasio 3 o 4 veces por semana. Sólo el tronco superior “¡Porque es el que se ve tío! Las nenas no se fijan en la piernas, se fijan en los abdominales, los bíceps, etc.”. Pero seguirá sin leer. Sin leer nunca ningún periódico serio. Sin leer nunca ensayos “¡Porque no quiero rayarme la cabeza tío!”. Con suerte leerá alguna novela que no se extienda más de cien páginas y a ser posible, que no requiera demasiada abstracción o conocimiento cultural previo. A, decepcionado, se preguntará qué nos ha aportado nuestro sistema educativo y nuestros valores sociales. Se preguntará si su estimado compañero es, mutatis mutandis, el prototipo de ciudadano medio que sólo le importa lo superficial y trivial. Se preguntará si es lo imperante en la actualidad. El hedonismo dirige nuestras almas, si es que existen y carpe diem es nuestro emblema.
Triste perspectiva…

Escribía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas:


Ya sé que muchos de los que me leen no piensan lo mismo que yo. También esto es naturalísimo y confirma el teorema. Pues aunque resulte en definitiva errónea mi opinión, siempre quedaría el hecho de que muchos de esos lectores discrepantes no han pensado cinco minutos sobre tan compleja materia. ¿Cómo van a pensar lo mismo que yo? Pero al creerse con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjársela, manifiestan su ejemplar pertenencia al modo absurdo de ser hombre que he llamado “masa rebelde”.


Nuestra vida, como repertorio de posibilidades, es magnífica, exuberante, superior a todas las históricamente conocidas. Mas por lo mismo que su formato es mayor, ha desbordado todos los cauces, principios, normas e ideales legados por la tradición. Es más vida que todas las vidas, y por lo mismo más problemática. No puede orientarse en el pretérito. Tiene que inventar su propio destino.

Cuando Deng Xiaoping proclamó “Enriquecerse es bueno!” al empobrecido y reprimido pueblo chino parece que se haya dirigido realmente a gran parte del mundo desarrollado, abriendo una era de fascinante desarrollo económico pero carente de cualquier enriquecimiento cultural. Éste es uniforme y nada original. Parece que no nos importa el medio ambiente… ni el prójimo, a menos que nos pueda aportar algún tipo de beneficio, consciente o inconscientemente. ¿Es el Gran Hermano quien dirige nuestra conducta?

Decía Nietzsche en Also sprach Zarathustra:
El que a todo el mundo le sea lícito aprender a leer corrompe a la larga no sólo el escribir sino también el pensar.

Uno se pregunta si ese loco no tendría razón. Pero sólo un déspota se atrevería a llevar tales afirmaciones a la práctica. Superada una primera lectura, uno le da una segunda interpretación a lo dicho por Nietzsche. Más que una llamada al elitismo y al clasismo uno quiere entender sin embargo, un grito de desesperación por el desperdicio de nuestras infinitas oportunidades actuales. ¿Cuántos de nuestros padres habrían dado lo que fuera por tener una décima parte de nuestras oportunidades? Quizás el lector se pregunte si no estaré exagerando o radicalizando demasiado el tema. Podría ser. Pero, por otra parte, pensando sobre algo mucho más próximo. Me gustaría saber cuánta gente está por vocación en nuestra escuela de ingeniería. Incluso, qué porcentaje de nosotros nos interesa realmente la ciencia. No me conformo con el “me gustan más las mates y la física que la literatura”. Me refiero a aquellos que teniendo tiempo libre leerían algún libro de divulgación científica, no siendo por obligación. Cuando a un compañero, que siguiendo a este ritmo seguramente será de los primeros de promoción de nuestra escuela (lo recalco por lo chocante que me resultó ver a un futuro buen ingeniero con esa opinión), le comenté que estaba leyendo un libro de Roger Penrose me dijo con cara de estar mirando a un bicho raro si a mi me gustaban “esas cosas”. ¿Si no nos gusta a nosotros que estudiamos ciencias, a quién le tiene que gustar, a los de Bellas Artes?
Cómo se supone que evitaremos que se repitan los totalitarismos y las injusticias si nosotros mismos no empezamos por informarnos, ser librepensadores y nos dejamos llevar por las corrientes mayoritarias.

Convencido estoy que la igualdad de oportunidades, pero sobretodo, la
educación, nos ayudará a evitar más situaciones orwellianas. Porque seremos más conscientes de lo que queremos y cómo podemos llegar a la práctica lo deseado. Lo cual muchas veces implica llegar a una solución de compromiso y tener que sacrificar algo grande para obtener un beneficio pequeño, al menos a corto plazo.

Desgraciadamente todavía existen lugares en el mundo donde la gente no tiene una educación libre, no está informada y ni siquiera puede decir libremente lo que piensa. Me refiero a países como Corea del Norte, Cuba, Birmania, etc. Pero sin ir más lejos, en mi China natal frecuentemente se producen situaciones inverosímiles para un occidental.

En 2002 mientras pasaba mis vacaciones veraniegas en Beijing pude apreciar cómo el Gran Hermano Partido Comunista nos enseñaba lo malos que son los de la “secta” Falun Gong. Coches con altavoces por las calles “informándonos”, noticias 24 horas 7 días a la semana, tanto en la radio como en la televisión, periódicos monotemáticos, etc. Incluso a veces se podía ver como aparecía un coche en medio de la plaza de Tiananmen y se llevaba a algún “escandalizador público” que se manifestara en contra del Partido. Tiananmen traducido sería plaza de la Puerta de la Paz Celestial, curioso nombre teniendo en cuenta que hay un enorme retrato del Gran Timonel Mao Zedong observándonos. Esa persona representaría claramente el Gran Hermano chino. Mao y el PCC (Partido Comunista Chino) son una cosa. Mao es el PCC y el PCC es Mao, al menos hasta hace poco. Pero peor aún, el ejército es del PCC y China es del PCC. Nunca había visto tantos medios desplegados para atacar a una persona, institución o idea.

Por otra parte, mucha gente es capaz ahora de tener una opinión sobre el conflicto del Tíbet con China, sobre la dictadura Birmana, sobre la represión norcoreana. Pero ¿Cuánta de esa gente sabría situar en el mapamundi el Tíbet o Birmania? ¿Saben cuánto tiempo lleva el Tíbet ocupado? ¿O que los británicos lo colonizaron también? Mi intención nos es recriminarles que quieran opinar sino en qué se basan para sentenciar. El estar 30 minutos delante del telenoticias no nos da patente de corso para imponer nuestros valores y prejuicios a los demás pueblos del mundo.

Lo que realmente nos hará crecer como personas es la lectura, el viajar, aprender nuevas lenguas y sobretodo pensar por uno mismo. Mi pequeño deseo sería que la educación nos aportara a todos, yo incluido, una mayor amplitud de miras y mucha empatía. Educación en forma de todo tipo de cultura. Decía E. Gombrich que no existe el Arte realmente, sólo hay artistas. Ninguna cultura está por encima de las otras y no valen nada sin sus continentes que somos nosotros. Pero nosotros tampoco somos nada sin contenido. Por eso: Educación para lo orwelliano.